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EN EL DÍA DE LA MADRE 2019

Aquel domingo, muy temprano, vi a mi madre que contaba el dinero cuidadosamente. Por su expresión advertí que su presupuesto era escaso. Pronto, salió al mercado. Al rato, volvió, y estaba acomodando los comestibles que había comprado, cuando la vecina Isabel tocó la puerta con rostro compungido.

Ambas conversaron brevemente en la puerta. Después mi madre entró a la cocina, cogió una canasta y puso en ella un poco de frutas, carne y otros de los comestibles que había comprado. Luego rebuscó en su monedero y sacó algo de dinero. Con todo eso, salió y se lo dio a la vecina Isabel que se fue muy agradecida diciéndole bendiciones.

Yo lo había observado todo, pues cuando no iba a la escuela, me encantaba estar cerca de mi madre; observarla me hacía muy feliz.

Un día en la escuela, me dejaron como tarea hacer la descripción de una persona muy querida, entonces yo describí a mi madre, por supuesto. Dije que ella era hermosa, alegre, inteligente, generosa, que ayudaba a los vecinos, que sabía compartir, aunque tuviera muy poco. Después la dibujé entregándole una canasta a la vecina Isabel.

En este Día de la Madre es un consuelo recordar su belleza interior, su generosidad excepcional. Me resulta increíble que yo haya convivido con ella sin la plena conciencia de tal privilegio. Gracias por tanto, madre inmortal.

Autor:

Docente por vocación, poeta, investigadora, autodidacta, aprendiz permanente.

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