Publicado en Estudiantes, Políticas educativas

¿EN QUÉ CANCHA ESTÁ LA PELOTA DE LA RESPONSABILIDAD DE LA TAREA EDUCATIVA?

Fuente: Maturana, Humberto y Paz, Ximena (2006). Biología del conocer y biología del amar. Desde la matriz biológica de la existencia humana. Revista electrónica PRELAC Educación para todos, pp. 30-39. Consultado el 12 de enero de 2007 en:                                                                                                               http://www.oei.es/reformaseducativas/matriz_biologica_existencia_humana_maturana.pdf

Me parece importante reflexionar y hacernos cargo de las preguntas que surjan en torno a la tarea educacional. Propongo hacerlo desde el entendimiento de la dinámica relacional de la biología del conocer y biología del amar, de la matriz biológica de la existencia humana.

Vivimos una cultura centrada en relaciones de dominación y sometimiento. Estamos expuestos a altos niveles de exigencia en busca del éxito. Con asombro vemos cómo ha aumentado la violencia en colegios y universidades, sean públicos o privados. Violencia que se manifiesta tanto entre los jóvenes como en la relación con sus profesores. El uso de drogas ha penetrado el espacio del colegio, que antaño era “el espacio de seguridad para los niños y niñas” y, también, el universitario, que era “un espacio de investigación y creación” para la juventud. Son señales de que algo serio está dañando nuestra convivencia.

Reflexionemos seriamente: ¿qué estamos haciendo?, ¿cómo lo estamos haciendo? y ¿quiénes lo están haciendo? Al reflexionar podemos darnos cuenta de que estamos inmersos en un modo de hacer las cosas en esta cultura patriarcal-matriarcal generado desde la desconfianza y el control. Control que somete… sometimiento que exige obediencia… obediencia que genera miedo e inseguridades. Desde este trasfondo emocional surge la falta de respeto por uno mismo, por el otro y por la otra. Padres, profesores, Estado… intentamos desde este espacio de desconfianza hacer lo que hacemos y obtener lo que queremos con el control. El control es la dinámica relacional desde donde uno mismo, el otro y la otra surgen negados en sus capacidades y talentos, estrechando la mirada, la inteligencia y la creatividad, generando dependencia, desde donde no son posibles la autonomía y el respeto por sí mismo.

En este espacio de dependencia, los niños, niñas y jóvenes no tienen presencia, desaparecen. En esta cultura ejercemos el control con la sanción y el castigo físico y psíquico: “la letra con sangre entra”, viejo dicho patriarcal matriarcal que aún se aplica en la acción y el pensamiento.

Sancionar y castigar, castigar y sancionar; se instala la violencia y el desamar. ¿Cómo escapan algunos niños, niñas y jóvenes a tanto desamar?, ¿es el control la manera de generar espacios de sana convivencia abiertos a la creación y la reflexión?, ¿reconocemos vivir inmersos en una red de conversaciones que privilegia el éxito, el control, que nos somete y somete a nuestros niños y niñas a altos niveles de exigencia, generando en ellos desesperanza y frustración por no ser vistos?, ¿no es este espacio relacional lo que se vive en gran parte de los colegios, universidades y organizaciones?, ¿cuáles son y han sido las consecuencias de este modo de relacionarnos? Nos lleva a estar atrapados en un dolor constante, en el sufrimiento en distintos aspectos de nuestro vivir.

Los profesores, padres, apoderados y todos los partícipes en el proceso educativo han perdido la confianza de que se pueda generar un espacio relacional diferente, desde donde surja un hacer responsable y ético en el mutuo respeto de la colaboración. En este espacio de desesperanza, la responsabilidad por la tarea educativa es pasada de unos a otros, sin que nadie se haga cargo.

¿Y quién es responsable de la educación? Todos somos responsables y cocreadores de este proceso. Todas las personas adultas que se respetan a sí mismas y viven desde la autonomía con conciencia social y ética, debiéramos tener conciencia de que somos parte de la continua generación del mundo y cosmos en que vivimos. El dolor y sufrimiento presentes en este vivir en la desconfianza y el control pasó a formar parte de un modo natural de hacer las cosas, generando un vivir y convivir que no deseamos. Sin embargo, no tiene por qué ser así.

(Si deseas leer más al respecto acude a la fuente, y anímate a enviar tu comentario.)

Autor:

Docente por vocación, poeta, investigadora, autodidacta, aprendiz permanente.

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